lunes, 9 de febrero de 2009













Es un borrador -algun dia lo terminare-



Solo una última despedida.

El pasaba la aspiradora cuando sonó el teléfono, lo dejo sonar unas 3 veces hasta que indeciso y refunfuñando apago el motor de la vieja aspiradora obsequiada por su abuela difunta y corrió hacia el living antes que aquel ruido se desvanezca en el silencio y se quede con la duda de saber quien estaba del otro lado, quien lo estaba llamando a las 11 de la noche un domingo, quizás seria ella. Con ese pensamiento fijo en su cabeza, da un salto por encima de las banquetas concentradas al lado de la gran mesa que dividía el living del pasillo, llega hasta el esperado teléfono y sin más levanta el tubo y entre murmullos y suspiros habla a la desconocida persona situada en otro espacio pero aún así compartiendo el mismo tiempo. Comienza a escuchar una mágica voz de mujer que no lo deja meter bocado, al instante se da cuenta que era una maquina, si esas fastidiosas maquinas de propagandas al estilo " Se gano un auto" o las típicas e inesperadas encuestas sobre televisión educativa y demás temas detestables que ninguna persona desearía escuchar a tal hora de la noche.

Decepcionado, Franco decide volver a su labor, pero aún así algo le oprimía el pecho, ya no quería volver a la aspiradora vieja en el pasillo, ahora quería escucharla a ella, ahora quería que de algún brote mágico vuele su voz por última vez, quería una última despedida aunque sea artificial y a distancia, se decía a si mismo que aun no entendía que había pasado con esa hermosa mujer, que él lo único que siempre había querido era que ella fuese feliz, pero todo lo que había hecho en ese lapso había sido en vano.

Agotado por la limpieza de su hogar el muchacho de 24 años se dirige al baño para una confortante ducha de unos 30m, estando allí comienza su rutina, 2 veces shampoo y una vez acondicionador, entre gritos desafinados de una canción vieja de "Los Redondos" le parece escuchar nuevamente el sonido del teléfono, se dice a si mismo que era un error y que era solo una ilusión suya dentro de su cabeza por la frustración provocada por el anterior llamado, a lo cual no le da importancia; vuelve a sonar, entonces Franco hace silencio, sí era real, estaba sonando, pero seguramente sería esa molesta maquina llamando de nuevo para intentar una nueva comunicación incoherente, entonces sin afligirse continua con su tema a todo trote.

En breve se cambia y caminando por el pasillo ve a través del reflejo del espejo colgado en la vitrina, una parpadeante luz brillante que prendía y apagaba, se da vuelta impresionado por tal mágico brillo, hasta que ve en realidad que era la luz titilante de la contestadora automática del teléfono, se había dado cuenta que a tal hora de la noche estaba totalmente cansado y por ende fantaseaba con cualquier cosa. Va al teléfono y recuerda el ultimo llamado mientras estaba en la ducha y piensa claramente que esa vez no había sido la maquina y que alguien realmente lo estaba necesitando, luego de presionar un par de botones, se concentra y hace silencio para escuchar el ansioso mensaje, unos mínimos ruidos y una voz entrecortada de mujer que decía: " Supongo que no estás, pero te necesito, esta es mi despedida para siempre, vos fuiste lo mejor que me paso, lo mas anhelado en mi vida, pero nunca pude demostrártelo, espero que seas feliz, solo te pido perdón, te amo."

Franco se había quedado completamente inmóvil, no sabía que estaba sucediendo, ¿de qué despedida hablaba, de que motivos le pedía perdón? Quiso hacer memoria y recordar con imágenes uno a uno los momentos que paso junto a ella, la mágica y desconocida mujer de 27 años que había conocido en aquel bar del Sur, en el viaje de camping junto a sus amigos del trabajo, entre momentos recordó aquel instante previo a comenzar a hacerle el amor por primera vez, en toda esa anoche que pasaron juntos. Pensó en cada una de las lagrimas que la había visto derramar, cada una de las veces que sus comentarios la habían hecho reír, y lo reconfortado que se había sentido al saber que era la causa de su risa, las horas charlando bajo la tibia luz del ventilador de su cuarto, los miles de momentos y paseos de la mano...

Franco decidió dejar de ahogarse en recuerdos que en ese momento no serian útiles para nada, comenzó a reflexionar con la poca concentración y paz que su cabeza le regalaba el porqué de ese inesperado llamado, con que fundamentos Martina había decidido dar una despedida a aquel amor y que estaría pensando en ese momento para hacerlo, luego de que hace casi 2 semanas no se hablaban.

Deja de maquinarse con preguntas sin sentido que nunca encontraría respuestas sino en ella misma y decide llamarla a su casa, corre al mueble del cuarto en busca de su agenda, ya que contaba con poca memoria y la registración de números en su cabeza nunca había sido buena, la agarra y vuelve al teléfono, marca velozmente el numero y espera impaciente la respuesta de ella del otro lado, suena varias veces sin obtener respuesta, empieza a sudar de nervios, quizás ella no estaba, quizás había salido por un minuto piensa, pero a esa hora? que haría un domingo a esa hora fuera de casa? Intenta de nuevo i nada, los llamados eran en vano y comienza a preocuparse, quería de una vez entender el porqué de ese mensaje donde escuchaba su dulce voz melancólica entre ahogos y cortos respiros, como si hubiera llorado durante días o como si alguien la estuviera obligando a decir tal cosa.

Lo que Franco no sabía era que nunca iba a obtener respuestas, porque mientras él se daba su ducha cantando a toda voz; Martina, la dulce muchacha de rizos dorados, hace días que se encontraba sumergida en una leve depresión no correspondida, que simplemente no la quería abandonar y se había pegado a ella como algo mas dentro de sí, se encontraba en su cuarto, leyendo cartas vagas sin sentido, reprochándose uno a uno los detalles que nunca le había dado importancia, diciéndole a su cabeza entre llantos que no podía con ella misma, que era inútil todo lo que podía llegar a hacer, que siempre terminaba lastimando a personas que la querían de verdad, quizás porque se creía inferior, o tal vez porque nunca se dio cuenta que la persona que en realidad estaba a su lado solo quería su bien por sobre todas las cosas y que ella simplemente pensaba en su vida, en su carrera universitaria, en sus momentos de tranquilidad donde estaba solamente ella y su mente, para ella esos momentos eran únicos e indescriptibles, eran solo de ella.

Había revuelto todo su armario, había quemado fotos con personas que apenas recordaba su nombre, decenas de cartas tiradas por doquier en el suelo, y textos que en momentos de alegría había escrito tan felizmente. ¡Que tiempos pasados pensaba! eran ya tan lejanos que apenas podía verlos, que sin pensarlo se habían alejado de su vida sin dar explicaciones y que luego de la muerte de su madre todo había cambiado. Ella se sentía sola, había dejado de escribir esas cosas bonitas que sus amigas le alagaban, ya no podía; Y fue ahí cuando emprendió su viaje al Sur para abandonar un poco su vida cotidiana y pensar en otras cosas y conoció a Franco, una persona distinta, un poco intelectual pero desinteresado a la vez de todo, una persona que al poco tiempo de conocerla, la quería con su vida y había hecho que ella después de tanto vuelva a sonreír, a encontrar esa felicidad, quizás superficial se decía en su antigua vida. Y mientras recordaba todos los momentos junto a el seguían cayendo lentamente una a una, como para una fotografía, las lagrimas por sus pálidas mejillas.


Sus ojos ardían, había llorado durante horas y nadie lo sabía, estaba sola en su cuarto desde el regreso de su trabajo y sentía una leve sensación de presión en el pecho que no la dejaba en paz, que le decía que algo no estaba bien, que algo iba a pasar... Pensaba que quizás necesitaba de ese momento, de ese espacio intimo para darse cuenta como seguía todo en adelante, o quizás para darse cuenta de como había terminado todo. No entendía que les había pasado y lo que su cabeza pensó por un instante, pero no quería hacerle más mal, ya no. Repetía una y otra vez que se retiraba de su industria sentimental, aunque no sea lo mejor o tal vez para él en un futuro si, pero la realidad se lo demostró, se le paro delante de sus ojos y le dijo que las cosas así no son.

Se levanta del piso y se mira al espejo, se nota distinta, como transformada, esa no era la Martina que ella conocía, estaba desganada y fuera de sí, necesitaba hacer algo que ni su propia mente quizás lo sabía, algo que la satisfaga, necesitaba saber que existía, que la Martina sonriente aun se encontraba en algún escondite de su alma. Va corriendo al baño y vuelve a observarse en el espejo, nada había cambiado, se veía mal, estaba arruinada, quería dejar de vivir, quería dejar de hacerle daño a las personas de su alrededor, pensaba que tal vez lo mejor era una lenta y profunda muerte para dejar en vida todos sus recuerdos. Esa idea sin sentido la estaba abalanzando, la veía como un escape hacia otra realidad para dejar de sufrir y que los demás sufran por ella, se había creído la princesa en el cuento, pero lentamente se habían ido desvaneciendo una a una sus ilusiones, sus cortas metas, ya ni siquiera le interesaba su licenciatura en Letras, y pensaba que era la única solución para aliviar con todo ese dolor que tenia comprimido hace tiempo. Comienza a caminar a paso veloz en sentidos opuestos por todo el baño, buscando una salida, pensando con que poder aliviar esa frustración que sentía, y a la vez viendo como una cinta de video todos los momentos hermosos y también los infelices de su corta vida. Hace una pausa, se paraliza y entre lagrimas se quita su camisa, sentía que le pesaba, que le molestaba, y una sensación de alivio sintió sin su presencia.

Busco un papel y comenzó a escribir: "Era una necesidad, un deseo sin igual ver mi sangre caer, brotando de mis venas. La muerte me llenaba de ideas, de rojo teñir las telas, de cortes dolorosos, con lágrimas que me queman. Mi mente no puede hacer nada, el placer la controla e intoxica. Y la tentación mira peligrosa, deseosa de llevarse mi vida. El dolor no es el precio que pago, la soledad consigo a cambio, pero mi sangre la consuela y con paciencia a la muerta espera... hasta que llega."

Mientras tanto, Franco en su departamento seguía girando y preguntándose a si mismo que había pasado, pensando que al otro día se levantaría temprano e iría a toda prisa a buscarla a su casa, aunque ella no quisiera hablarle, aunque quizás no quisiera tampoco abrirle, pero él necesitaba una respuesta, una duda le carcomía la cabeza y deseaba sinceramente aclarar las cosas. Sosteniendo este pensamiento, Franco nervioso e impaciente se acuesta en su cama pero antes pone el despertador a las 8 de la mañana, al otro día no trabajaba pero igual se levantaría temprano por ella.

Pasa la noche tan rápido como un sueño, suena ese irritante sonido del despertador y Franco dando un salto de la cama se levanta pensando en ella, en todo lo que tenía que decirle esa mañana, que no quería perderla ni pretendía una despedida, que la amaba demasiado como para dejarla ir así como así...

Luego de un breve y rápido desayuno, Franco se dispone a ir a su casa, toma el taxi en la esquina, - " Hasta Almagro, calle 34", - "Ok señor". En unos 20m se encuentra parado frente a su jardín, toca el timbre y nadie atiende, se comienza a poner nervioso, mira por las ventanas pero no la veía, se da la vuelta e intenta mirar por la reja del parque pero fue inútil, quizás no eran sus días de suerte, tal vez había ido a hacer las compras, decidió esperar unos minutos a ver si ella regresaba, pasa el rato y nada, intenta llamándola al celular pero raramente lo tenía apagado. Franco ya en un estado de nervios absoluto decide entrar por las fuerzas, golpea una y otra vez la puerta con apuros, a lo que los vecinos alarmados se esconden dentro de sus casas; tres, cuatro y hasta cinco golpes, frena por un instante y continua, nada lo iba a detener, al séptimo golpe logra abrir la puerta.

Una vez adentro comienza a llamarla, quizás estaba y simplemente no quería abrirle, al no obtener respuestas, empieza el recorrido por cada uno de los cuartos, en planta baja no encuentra nada, sube las escaleras, hasta que llega a su dormitorio, paralizado al encontrarse con ese revuelto comienza a asustarse, mira rápidamente todo lo que se encontraba tirado en el piso, las fotos, las cartas...

Corre al baño y fue ahí cuando la vio, no habría querido hacerlo de esa manera pero no tuvo otra opción, ahí estaba ella, delicada, con sus rizos dorados revueltos, semi acostada en el piso, con un pequeño río de sangre a su alrededor, Franco rompe en llanto, no podía creer lo que estaba mirando, lo que había pasado, era ella, si! la mujer que el amaba, a la que tanto le había dedicado su tiempo, con la quería un futuro juntos.

Lanzando un grito se recuesta al lado de ella y entre zamarreadas se dice a si mismo que era su culpa, que ella no quería hacerlo, que buscaba una salida, que ese llamado inconscientemente era una entrada para que la ayudara, que no pudo decirle cuanto la amaba, que la necesitaba y que ella le hacía bien, no podía entender como había sido tan ingenuo de no darse cuenta, sigue llorando agarrándola de sus brazos, los cuales mostraban los profundos y fríos cortes en su piel, ella había decidido dejar a un lado su vida y comenzar una nueva, ella no sabía que quería pero no quería hacer mas mal...




1 comentario:

Marie Augustine. dijo...

te acordas cuando me lo mandaste, qe loe stabas escribiendo par ala facu ^^?